Son amigos, se admiran, comparten una mirada similar sobre el cine (más experimental que comercial), han trabajado como actores en películas dirigidos por los otros y, por lo tanto, conforman una suerte de cofradía. El Festival de Mar del Plata los reunió a partir de distintas actividades y este domingo 19 ofrecieron una charla pública en el Salón Recova del Hotel Provincial organizada por el equipo de la revista Las Naves.

Ado Arrietta (que alguna vez firmó sus trabajos como Adolfo Arrieta, Udolfo Arrieta, Adolpho Arrietta o Adorfo Arrietta), un madrileño de 75 años radicado en París, es un auténtico director underground, de culto y precursor del cine independiente español desde mediados de la década de 1960 y, entre sus admiradores (y en cierto sentido continuadores), están el actor y director francés Serge Bozon (45 años) y Pierre Léon (nacido en Moscú hace 58 años, pero también instalado en Francia). Arrietta es eje de una de las principales retrospectivas de esta edición, mientras que Bozon y Léon llegaron como director e intérprete del film de apertura, Madame Hyde, respectivamente.

La charla, tan divertida como dispersa, tuvo como eje central el espíritu lúdico, el placer que -coinciden- les genera filmar con absoluta libertad creativa, apostando en muchos casos a la improvisación, al delirio, al absurdo y a la búsqueda de las sorpresas. “No soy muy sociable y veo poco a mis amigos. Armar un rodaje es la mejor excusa que encuentro para reunirme con ellos, tenerlos cerca, pasarla bien y crear algo juntos”, admite Léon. “Nunca perdemos la capacidad de reírnos de nosotros mismos, ese es nuestro principal capital y orgullo en un cine dominado hoy por el cálculo, la solemnidad y la seriedad”, expresó Bozon.

“Filmar es una aventura, pero sobre todo una fiesta”, asegura Arrietta -cambiando todo el tiempo del francés al español y viceversa. “Será por eso que en todas mis películas hay fiestas y que una,Tam Tam, directamente es sobre fiestas. Filmamos siete fiestas en siete departamentos diferentes y en la última nos enteramos de la muerte de Francisco Franco en noviembre de 1975. Terminó siendo una bacanal.

Para Bozon y Léon, el cine de Arrietta siempre fue una referencia “por su libertad para luchar contra los estereotipos del cine, su capacidad de provocar, su lirismo, su musicalidad, su desparpajo, su apelación permanente a los sueños, su desinhibición para meterse con cuestiones como el travestismo, su trabajo con actores que eran realmente de pueblo y no de élite como en buena parte de las películas francesas, su facilidad para rodar con mínimos recursos, como si fuera un director de clase B de los Estados Unidos en los años ’50”. “No sé lo que es el realismo, mi cine siempre es intuitivo y transcurre en el orden de los sueños”, agregó Arrietta, quien reconoció entre sus influencias al pintor argentino Alberto Greco y a Copi.

Léon descubrió la filmografía de Arrietta a fines de los años ’70 en unas proyecciones en París y Bozon, recién en los ’90 gracias a la Cinemateca de Torino, pero con el tiempo crearon entre ellos y otros cinéfilos una sociedad indisoluble. Así, por ejemplo, es posible ver a Léon en Madame Hyde, de Bozon, a Bozon en La bella durmiente, último trabajo hasta el momento de Arrietta; a Arrietta como actor en L’imprésario (2011), de Bozon, y así… “Tenemos la misma sensibilidad, casi no tenemos que hablar durante el rodaje, la relación es casi telepática”, se rió Arrietta al explicar cómo trabajó con Bozon en La bella durmiente.

Arrietta es uno de los secretos mejor guardados de la cinefilia española y francesa. Esta última lo adoptó a partir de unas notas en Cahiers du Cinéma -donde llegaron a compararlo con Jean Cocteau- y, atraído por esa celebración y luego por el Mayo Francés, decidió instalarse y sobrevivir en París. Hoy, sus películas -cuyos cortes sigue modificando todo el tiempo agregando y sobre todo cortando tomas- se pueden ver en Mar del Plata. Todo un descubrimiento.