Archivos Mensuales: agosto 2016

14/8/16: PRESENTACIÓN DE MAMÁ INDIA, de Soledad Urquia

GRACIAS A TODOS LOS QUE VINIERON!

Y por compartir la salidad del libro número 13 de la editorial.

El domingo nos juntamos a las cinco de la tarde en La Gradisca y Fiorella Corona realizó un tributo a la divinidad Ganesha para el buen auspicio de los artistas ofrendándole pétalos blancos a la autora. Luego, Cecilia Fanti y Damián Tullio leyeron sus interpretaciones sobre Mamá India, y al finalizar, Soledad Urquia nos deleitó un fragmento.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Mamá India por Damián Tullio

Sé que Soledad estuvo trabajando años con esta historia. De alguna manera, para quienes la conocemos, es una historia que la define, que lleva con ella como un rasgo que la diferencia. Así y todo, sólo me consta que Soledad viajó en algún momento de su vida a la India pero, excepto alguna anécdota aislada, casi nunca la escuché hablar largo y tendido del tema. Disculpen el jueguito de palabras, pero creo que es así: no es que ella se fue de viaje, el viaje se volvió con ella.

Mamá India muestra un lugar exótico con una prosa que lo acerca. Hay una montaña en el libro, una montaña sagrada que es el punto de referencia donde la historia está anclada pero también desde donde se traza una línea imaginaria con casa, con el lugar de origen. La protagonista, aunque deambula y explora, nunca se pierde porque tiene su montaña de referencia. Como me pasa con todos los libros buenos que leí, en Mamá India me apropié de esa montaña. En mi lectura del libro, esa montaña se dibujó como los cerros de Alta Gracia a los que iba de vacaciones cuando era chico y a ustedes, estoy seguro, les pasará con las montañas de su vida. Esta escritora inteligente que le pone a su protagonista un punto de referencia también sabe que los mejores libros de viaje no son una guía turística pormenorizada. Ni, para el caso, una forma extravagante de sentar a tu familia a mirar dos horas en un proyector las fotos de tu último viaje. Los libros de viaje que valen la pena son aquellos que son capaces de hacer de lo más lejano e impensable una cosa de todos los días. Escribir una historia de viaje, de alguna manera, es despejar todas las mediaciones y mostrar un lugar rotundamente “nuevo” como si lo hubiéramos recorrido toda la vida.      

No tengo hijos, pero presumo que si alguna vez los tengo y uno de ellos intenta el viaje que hace la protagonista de Mamá India, me volvería loco. La protagonista es ferozmente consciente de la distorsión que su viaje le trae a su círculo íntimo y sin embargo no lo lleva como un peso producto de la traición ni como la jactancia rebelde de una chica contestaria. Es algo que está ahí, que va con ella, es un nudo que va desatando con paciencia a medida que se explora a sí misma y a ese lugar. Mamá India no sólo es una refutación de esa expectativa de que del viaje a Oriente se vuelve con una sabiduría metafísica superior o completamente desquiciado, sino que también pone en cuestión esas convicciones personales que arrastramos como certezas indiscutibles. El viaje del libro también es un viaje profundo al entramado de nuestro convencimientos. En su recorrido, la protagonista no sólo descubre que la India no era ese modelo ideal que tenía en la cabeza (y va un spoiler: nunca lo es) sino que también se da cuenta de que sus propias expectativas y reacciones no son lo que ella había esperado. Pero tiene suerte: cuando su madre la visita, no se encuentra con un operativo comando para sacarla de ahí, sino a una mujer que sinceramente va a ver qué está haciendo su hija, quizá guardándose para sí sus opiniones, quizás abierta a descubrir que eso es lo mejor para todos. Si la literatura tiene alguna cosa didáctica que ofrecerle al porvenir, que sea este modelo de madre inteligente del siglo XXI que despliega Mamá India.

En el libro sobrevuelan una cantidad de sabios que no saben. Maestros insinuados pero ausentes, lejanos. En Mamá India hay menos sabiduría en el derrotero espiritual que en la reflexión quizá algo más rudimentaria y más perecedera de la experiencia. No es tan contundente la ajenidad que genera ese mundo diferente, el espacio desconocido, como el que le genera a la protagonista descubrir que hizo ese viaje no para unirse con Oriente sino para parir esa historia, para parirse como escritora.

A riesgo de sonar repetitivo, no puedo más que coincidir con lo que dice Gabriela Massuh en la contratapa: a Soledad le pasó como a su protagonista. Fue a la India a encontrarse con su libro.   

Mamá India por Cecilia Fanti

IMG-20160815-WA0036

A Soledad la conocí en el taller de escritura en el que empezó a escribir los textos que hoy componen el volumen Mamá India. Fue por el año 2011 y mi primer recuerdo de ella era el de una chica silenciosa, cruzada de piernas, que siempre llegaba temprano y hablaba lo mínimo indispensable. Hubo un momento, bien al principio, en el que me sentí como los occidentales ruidosos y curiosos que habitan algunas de las páginas de su libro. Yo no sabía de dónde venía Soledad, quién era, qué hacía. Sabía, eso sí, que si estaba ahí era porque algo le estaba pasando. Porque, ­–y esto es importante–: nadie va a un taller literario porque sí. Con los años uno aprende a detectar crisis, conflictos, deseos y cruces.

Descular el misterio que rodeaba a Soledad fue uno de mis mayores desafíos. Soledad hablaba poco y nada, respondía con monosílabos y sonreía frente a algunas ocurrencias o chistes. Sin embargo, insistí en hablarle. No recuerdo si en algún momento ella empezó a hablar más o si simplemente me acostumbré a su ritmo pausado, su voz baja y su calma tan poco pretenciosa como genuina. Con el tiempo, en fin, nos hicimos amigas.

Volver a leer estos textos después de cinco años fue, de alguna manera, volver a ese momento de producción. A ese lugar desde el cual Soledad hablaba, se daba a conocer, respondía a las preguntas que nos hacíamos en silencio sobre ella. Es difícil, desde la experiencia, pensar en Mamá India como un relato de viajes. Sé que lo es; pero también representa un origen: Sole viene de ahí y no al revés. Después, en el regreso, en el presente, en ese “todavía hoy” que encontramos en el texto, India viene con ella.

Desde el primer capítulo de los dieciocho que lo componen, la narradora está en India. De lo que pasó antes nos vamos enterando a cuentagotas, en los capítulos que vienen después y en pequeños detalles. La oración de la infancia al ángel de la guarda en una estampita que le piden que traduzca, por ejemplo, o esas cartas que se van intercalando y que nos colocan frente a un interlocutor en otra parte del mundo, a quien intuimos tan culpable como necesario para que esa narradora entable su propia lucha entre dos mundos separados “por dos océanos”. Incluso para que luche con ella misma. “Ella es de acá” dice uno de sus amigos en el pueblo, y el deíctico, que aparece reiteradas veces y señala lo cercano, lo disponible, lo incierto e imperdurable, (pero también lo que se afirma) siempre señala al pueblo y a la montaña. Ese accidente geográfico que hipnotiza y la hace sentir segura, en casa. Y acá también es importante la distinción. La montaña la hace sentir en casa, no como en casa. Los “como”, “como si” o “algo como” aparecen mucho en el libro, porque la narradora nos traduce India, nos señala lo desconocido y nos lo relaciona con algo conocido para acercarlo sin pretensiones de pedagogía, sino también como parte de una experiencia donde también empezamos a reconocer sinónimos. Por ejemplo, volver es sinónimo de desesperar; Elías, el bello y excéntrico, es sinónimo de refugio y, de alguna manera, Siva, otro de los protagonistas, es lo que en Argentina llamaríamos “un chantapufi buena onda”.

Hay varios elementos que establecen el leitmotiv del libro y que no se enraízan tanto en la búsqueda como en el cruce de certezas e incertidumbres, y que nos terminan anclando en el equilibro.

Y en India, el universo provee”, dice la protagonista con una certeza que, por un momento, nos hace abandonar el tono más etéreo que repite “como si” y conectar lo conocido y lo desconocido para nosotros. Para presentarnos India, la suya, la que vivió con ella y que después se trajo. Y entonces siempre vemos a la protagonista bien provista: en el círculo de amigos y compañeros que la rodean y que, en su variedad, la equilibran; en las dosis estrictas de iluminación, meditación, tristeza y distracción; en la libertad y la resignación; en la decisión de aprender y también en la obligación de lo mismo; en la certeza de que frente a la pregunta “¿no podemos ser normales por cinco minutos?” la respuesta es no; en la sorpresa que desbarata todos los prejuicios cuando una mamá, tan fuerte e imponente como la India y a la vez tan opuesta, viaja para sentirse, como su hija, en casa. Esa mamá que conocemos antes del capítulo que nos la presenta con tacos primero y chatitas después, porque en presencia de una santa, después de las flores, los sahumerios, los cánticos y el abrazo, la narradora Soledad –que nunca enuncia su nombre sino a través de los demás y en un juego similar a las adivinanzas­– nos dice “me vino bastante bien. En esos días extrañaba un poco a mi mamá”. Una vez más, lo conocido y lo desconocido. Lo mundano y lo espiritual. Un cruce que nos hipnotiza como la montaña y nos hace recorrer todo el libro de un tirón, como si camináramos descalzos a la par de la protagonista por ese pueblo polvoriento, caluroso e inevitable.

Para finalizar, y porque la literatura siempre nos devuelve a sus temas atemporales como los viajes y el amor (o su contracara), me preguntaba para qué se viaja. Creo que en Mamá India se viaja para perdonar y para recuperar, ahora sí, la certeza de que es posible seguir. Para hacer carne “Ahimsa”, el concepto de “no dañar” que primero encuentra a la protagonista enfrentándose a la duda sobre si matar o no mosquitos en el asfixiante verano indio y que, finalmente, la hace guardar silencio cuando, ya de regreso, él –el destinatario de todos las cartas nunca enviadas– le pregunta “¿aprendiste muchas cosas allá?”.

Todo ese aprendizaje es hoy un libro, Mamá India.

Anuncios

Este domingo :)

flyer_mama-india

Anuncios