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Así fue la presentación de PRIMERA LÍNEA DE FUEGO DE TÁLATA RODRIGUEZ (23/11/13 y 30/11/13)

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Producción: Victoria Comune y Alan Steinberg.

Fotos: Federico Alejo García
La Hiena Nocturna

Por Pablo Ottonello

Mucho más que la Noche de las Librerías, sin demasiados descuentos y con los pasillos de los locales como nidos de un ciempiés, la gente disfrutaba dar sus pasos juveniles sobre la mitad de Corrientes cortada por el Gobierno de la Ciudad, sobre la que flotaban globos amarillos no muy distintos a los de Jack Nicholson en la mejor de las Batman, la uno, la de Tim Burton en esa ciudad Gótica que, como Buenos Aires cuando llueve, tiene sumideros que largan su grueso vapor de sopa. Encontré una mesa en un balcón, pedí una cerveza carísima y relojeé el transito marino de gente con libros en la mano y comentarios sobre qué leer primero y qué después, contagiados de esa fiebre hermosa que es no querer perderse nada. La cerveza me iba a costar cincuenta y ocho pesos, pero no era mal empujón para refrescar un poco y pensar en lo que acababa de ver en el subsuelo de La Dulce donde Tálata Rodríguez se trepó a su mini tarima con fresneles y recitó, entre el humo y los cambios de escenografía y vestuario, acompañada por imágenes, sonido y música, los poemas que se pueden leer en el libro que la editorial Tenemos Las Máquinas lanzó este mes, Primera Línea de Fuego.Con su carisma guarro de calzas y remeritas, con los ojos enormes clavados en un público que se dejó asombrar por sus versos y por la precisión de recitarlos de memoria, sin la solemnidad que a veces le come los talones a las lecturas de poesía, Tálata optó por el ritmo, los cambios de luz, la penumbra del subsuelo con máquinas de humo y el efecto piña-en-la-cara+lírica, rima y delirio, que pica más alto cuando nos cuenta su dolor, cuando a la figura de mujer fuerte que construye con sus anécdotas de hiena nocturna –grupi de jugadores de la primera de Vélez bajo un puente- contrapone imágenes de su hija –dormida en una cama abrazada a un globo rosa- o cuando se permite hablar de amor, sin dejar de teñirlo de huevoneo juvenil, de años perdidos, de añorar una juventud.El verso tiene su autonomía, y cuando la escritura es buena no necesita ni luz, ni humo, ni fotos detrás. El buen verso es un loco solitario que, igual que Tálata, se la banca solo y te encara en un callejón. Reaccioné así apenas salí de la función, como alguien que defiende la poesía sin ciber adornos. La luz, el juego de imágenes, el diseño sonoro y la representación teatral (porque Tálata encarna su propio personaje fogwiliano de muchacha con calle) le compiten –sin querer- al verso escrito. ¿Cómo es la relación ideal entre declamación y verso escrito? Y en seguida me pregunté: ¿qué son estas reflexiones marimachas?, y me serví el fondito de cerveza ya entibiado por el calor guaso de noviembre y me puse a recordar una charla reciente, muy reciente, con la editora del libro, Julieta Mortati, que me explicó lo que yo no terminaba de entender. Me lo dijo como una lista de supermercado. La transcribo tal cual: 1. Tálata piensa su obra como un acto de hibridez. 2. La poesía es una función teatral. 3. Tálata es un raro arácnido suelto por Buenos Aires, con muchas patas fuertes. 4. Es una performer, dijo Mortati. 5. ¿Viste cómo te mira, con esos ojos como medidas dobles de whisky?

 

Poesía en Barracas (Por Martín Wilson)

Parecía una jodita
estaba Alan Pauls,
era sábado
estábamos en barracas
en un sótano
había una máquina
de hacer humo
había un viejo
con barba candado
y túnica
meditando.
Transformista,
budhista.
oímos la sirena
de un patrullero.
parecía parte del evento.
en la misma cuadra
había dos tribus
o mil.
Cineastas
mercaderes
de la industria
de la bohemia
diseñadores
discutiendo
movimientos artísticos
y a metros
una barrita
besando botellas
curtiendo otro estilo
literario.
Nerviosos,
meando poesía.

Una mujer
recitaba de memoria
sus canciones
a capella
habló de slash
de un dodge 1500
de manhattan
de flores
de un tal bob
de un tal fogwill
del metal
y de las torres gemelas.
Mientras las paredes húmedas
del subsuelo
se cubrían de imagenes
familiares,
los asistentes daban vueltas
por la sala
a oscuras, arrastrando los pies
como momias en un ringside
como zombies de I Sat presentados
por un Alan,
siguiendo
la performance
de “la dama que mueve los brazos”.
La hija de un gran amigo
no se sentía bien
-tal vez es el humo- pensamos
-tal vez fue la poesía- pensamos.
Yo me sentía un boludo
me había puesto la camiseta
de la Juventus
y con un litro de brahma
ya estaba en pedo.
A veces me siento lejos de casa
y otras, lejos de todo el mundo.

El 23 de noviembre Tálata Rodriguez presenta PRIMERA LÍNEA DE FUEGO

Tálata_TAPA_ALTA

 

 

Dibujo de tapa: Ana Carucci

Diseño: Julián Villagra

Idea de arte y diseño orginal de la colección: Ana Carucci y Lara Melamet

VIDEOS

Idea y producción: Tálata Rodriguez

Se pueden ver en: primeralineadefuego.tumblr.com o clickeando en la imagen

 

 

TLM en la prensa

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Patricia Kolesnicov en la Revista Eñe (23/11/12):

Feligreses de la literatura

La vecina pega la vuelta desde Catamarca y ve, con la noche clara del atardecer, bombitas de colores, mucha gente sobre Independencia, en la vereda, mirando hacia un adentro. Ve las luces, la gente, y escucha una voz como de megáfono que dice algo así como “Catedral de San Isidro”.
“Sonamos”, piensa. “Cerraron la imprenta y pusieron una iglesia Evangélica. Ahora van a cantar todo el día”.

Pasa, cargada, es sábado de supermercado. ¿Qué es esto? “Presentan un libro”, le dice alguien. ¿De quién? No sabe. “Dos libros”, dice otro. No sabe.
Entra, la vecina, deja las bolsas, saca a la perra, se mete entre esos falsos feligreses que ahora –se calló el megáfono– se besan, se sonríen con vasito de plástico con vino en la mano.

Un hombre alto, parado en el cordón, la llama por su nombre y hacia él van, la vecina y la perra. “Se presenta una editorial”, explica el alto, que es Esteban Castromán, de la editorial Clase Turista. No un libro, una editorial. Porque –como exageraba hace un par de meses una escritora– ya hay, (bienvenidas) “más editoriales que lectores”.

La editorial se llama “Tenemos las máquinas”. Y es el materialismo tomado al pie de la letra: la cabeza del emprendimiento es Julieta Mortati, una flaquita que es la hija de Vitorio Mortati, el imprentero de Independencia entre Jujuy y Catamarca. O sea.

Arrancan con dos libros: “El que no salta es un inglés”, de Martín Wilson, y “Algo que nunca le conté a nadie”, de Damián Tullio. Pero después, cuentan, van a sacar también la edición en castellano de “Revólver”, una revista alemana de cine.

Un coche de los 90 para por el revuelo. Sin sacar su cabeza blanca, arreglada con batido y spray, la señora mira a Castromán. No hace falta que pregunte, el hombre cuenta: Es una editorial nueva, van a sacar poesía, cuentos, autoayuda (¿?). Cambia el semáforo.”

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