Martín Wilson escribe sobre Mamá India

Le decía a Soledad en un mail esta mañana el tiempo (…) cuanta agua pasó por debajo del puente (…) y ayer terminé tu libro en tiempo real. Anoche.
Gracias. Lo leí en un tiempo justo y necesario.
Le dije que lo había leído en el tiempo justo y tan acertado porque estos últimos meses me encontraban en una relación con un chica a la cuál sentía que perdía, con los ojos secos sin brillo, se me esfumaba a otro lado al cuál me resultaba imposible llegar.

En las páginas donde nos habla Soledad visualizo una mochila y cajas selladas sobre una cama de una habitación en su lugar de origen, su lugar de pertenencia,en donde empezó todo, las dudas, los libros que hacen mal, los novios que no, los padres que sí o que no, los juzgamientos silencioso. La crisis existencial! Nuestro tractorazo emocional. Y en esas cajas y en esa mochila está todo lo que trajo. Uno no viaja a la India porque anda campante, uno va a la India en busca de algo. Algo duele.

Soledad hacer turismo espiritual y no lo maquilla. Va de frente. Y nosotros lo agradecemos porque no juega ni miente. No es sólo un truco parece querer decirnos.

A mí, una chica recientemente me dijo que era vegeta y la primera vez que nos conocimos nos clavamos dos pescados en extinción. Me dijo en un mail que no tomaba alcohol y la vi mirar la botella de vino rosadito buscando un culito hablándome de la armonía con los ojos desencajados. Yo sabía que esto olía a espíritu adolescente.

Mi Soledad que se llama Pierina vive en otro planeta cósmico, inalcanzable parecido al otro mundo de Strange Things pero imagino según ella hay colores y unicornios o caballos alados , cielos estrellados y bosques frondosos para correr desnudos y comer frutos y semillas y oler flores.

Una noche de desesperación le escribí -Que si alguna vez cortás lazo con todo, desapegás y eso que yo voy a estar del otro lado, por si querés volver te voy a tirar una soga o darte la mano para que caminemos. Ya sé que lo sabés pero -No estás sola en esto.
Es un mundo muy extraño.

Y ella me dijo cosas así –No quiero despertar , ¿para qué? yo prefiero mi mundo de sueños y mis pesadillas a la realidad.
Ella vive en un mundo de indecisiones al cual no tengo acceso. No soy su cerrajero.

Entre las flores, un tazón de vino
bebo solo, ningún amigo está cerca.
Levanto mi copa, invito a la luna
y a mi sombra, y ahora somos tres.
Li Bai
Otra cosa que me dijo fue -Una observación sana y preventiva… Sos muy romántico e idealista pero tenés que saber que soy una persona con opiniones a veces muy extremas y radicales sobre el mundo… soy vegetariana, no tomo alcohol, detesto los boliches , no me gusta el ruido ni las multitudes , ni las personas adictas a los planes sociales o planes así lisos y llanos.

Y lo último que queria aclararte es me estoy viendo con alguien desde que me separé en diciembre del año pasado…

He dicho:

* La primera tarde que salimos terminamos comiendo pescado, dos especies en vías de extinción y una botella de vino rosado. Le vi los ojos desencajados cuando me habló del vacío y lo trascendental.

* Fabián Casas cuenta en una columna que “uno no entra al zen porque la está pasando bárbaro, se entra porque se está desesperado.”

Al final la selva te rechaza, la naturaleza te expulsa porque somos lo devastador y los bichos saben, las ramas saben, las plantan saben lo que hicimos el veranos pasado.

Pero mi mente no había leído eso. Yo lo ignoré.

Si decís la verdad eso se convierte en algo del pasado y decís una mentira esa se convierte en tu futuro.

Mamá mía va a los esencial, un viaje donde sin darse cuenta vuelve descalza y no se da cuenta.
Mamá India es la Montaña Mágica de una chica joven y todo lo que la rodea. Todo tiene una consecuencia silenciosa que casi ni sospechamos.
Y ese es su regalo a sus descendientes: la libertad de tomarse el palo, de irse a otro mundo y conocer otra gente, elegir sus dioses, abrazar, probar un opio distinto o simplemente un lugar distinto en su cabeza; la posibilidad de volver de nuevo a su casa, a la comodidad o incomodidad de su casa y seguir haciendo lo que estaba haciendo en primer lugar. La libertad de intentar hacer algo que para muchos es un clishé; la posibilidad de hacer cualquier cosa, de empezar de cero. No hay nada más Urquia que eso.
Como dice Damián Tullio la protagonista, aunque deambula y explora, nunca se pierde porque tiene su montaña de referencia.

Y un libro de viaje o un tour guide, un Lonely Planet en nuestro planeta solitario debería parecerse a algo así porque todos nos sentimos solos y leyendo cosas así la soledad nos amiga con nuestros miedos.
La visita de la madre, me conmueve. Me recuerda a mi viejo cuando vino a verme a Madrid y si bien me dijo -rajá de acá- creo que sintió un linda envidia de mi llama, mi fuego y mi exploración.
Soledad se convierte en arqueóloga de su alma. Nos hace entender que los sabios que buscamos somos nosotros, habitan en esos ruidos que sentimos en nuestro corazón. Porque los sabios también se equivocan.
Es maravillosa su simplicidad. Hay generosidad en eso.

La única certeza fue lo incoherente e inexplicable y esa certeza no nos consolaba ni nos llevaba hacia ningún lugar en común.

Al final de su libro Soledad nos dice de alguna manera que los viajes son un modo de aprendizaje, nos sacan de nuestras raíces y eso duele, nos movilizan todo el tiempo, y a la vez nos enriquecen y suman un montón en una búsqueda espiritual pero al final de todo, lo que nos queda somos nosotros mismos, nuestros orígenes, nuestra tierra, la sangre, el carrousel de la mente y todo eso que nos pasa adentro.

La otra tarde, esta mañana, manejaba cuando llovía sobre una avenida gris llena de pozos y cráteres llenos de agua. Un viejo esperaba su colectivo supongo, en la parada. Bajé la marcha, fui despacio para no salipicarlo. Vi el terror en sus ojos y después la calma traumática post guerra, no sé si es algo que uno hace siempre. Digo ser conciente del otro y pensé en Pierina y en Soledad Urquia, si ellas son de las que aminoran la marcha bajan un cambio los días de lluvía cuando pasan un charco para no empapar al resto, si son concientes de otras presencias, y de cuando hay alguien al lado. Soledad sí. Soledad es muy conciente de todo. Soledad Urquia despertó y habla de sus sueños que adoramos y escuchamos con los pies en la tierra.

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